Einstein y Dios. Otra vez
Para confirmar la jubilación del tópico “ya está todo dicho”, nada mejor que la sorpresiva y oportuna aparición de una misiva que viene a añadir más leña a un fuego encendido años ha. Resulta que hoy jueves se subasta en Londres una carta de puño y letra de Albert Einstein, el abuelito entrañable de la ciencia (por las pintas de abuelito, mismamente), en la que calificaba las creencias religiosas como “supersticiones infantiles”.
La noticia es del The Guardian de este martes pasado. El bueno de Albert escribió la carta de marras el 3 de enero del 54, y se la mandó al filósofo Eric Gutkind. Este señor había tenido la cortesía de mandarle a Einstein una copia de su libro La llamada bíblica a la rebelión, y no debió sentarle bien el desayuno cuando como respuesta recibió afirmaciones como “La palabra Dios no es más que la expresión y el fruto de la debilidad humana, y la Biblia, una colección de honorables leyendas primitivas, las cuales, no obstante, son bastante pueriles.”
Pues bueno. El debate en sí es debate para algunos que gustan de esta clase de discusiones, a mi la verdad es que me da bastante igual que la gente crea lo que quiera, y más si se trata de creencias de tipos ya descompuestos. Vamos, que no creo que nadie necesite saber a ciencia cierta (nunca mejor dicho) que alguien como Einstein era ateo para sentirse más seguro de su creencia. O no creencia, según se mire.
Igualmente, no deja de ser un puntazo que salgan cosas así. De todos modos, si Einstein hubiese vivido unos decenios más, habría aceptado sin dudar la verdadera fe. Porque seguro, seguro que habría sido tocado por Su tallarinesco apéndice.