No es una novedad decir hoy en día que la fiebre de los reality ha copado e invadido la programación de la televisión, la publicidad y, en fin, todos los canales de información de que disponemos, o casi todos. Lo que realmente llega a ser una novedad es el impacto de esta clase de formato en el cine. Por supuesto, estamos hablando de la rompetaquillas Rec., un producto del a ratos sorprendente a ratos convencional Jaume Balagueró y sus amigos. Como digo, su novedad no viene tanto del modo de construir el film, y de presentarlo sobretodo, como del éxito que ha supuesto.
Ante tal producto, a mi me surgen dos corrientes espontáneas de opinión, aún sin haber visto la totalidad del film (apenas unos fragmentos mal contados de una copia pirata). Primero pienso en los reality, aquellos que nos presentaban las cosas “tal y como ocurrían”, en tiempo real y todo, con sus tropecientas variantes: que si una manada de palurdos salidos no precisamente de Harvard, que si un clan de famosos ya famélicos de no comer más que raíces y hormigas en una isla del Pacífico, que si triunfitos/factorxitos/supermodelitos etc. En todos la presencia de los guiones secretos saltaba a la vista a partir del minuto 0’1 del visionado del capítulo de turno, pero parece que a algunos les convencía el plan, así que triunfó desde el celebérrimo Gran Hermano al abominable Hotel Glam. Incomprensible.
Sin ánimo de extenderme, pensar en esto me hace ver cómo este formato, que tanto triunfó, ha pasado a otra dimensión, la de la pantalla grande, para acoplarse como una forma nueva de presentar la ficción ante el espectador. En el caso del terror, el valor de la novedad es doble, puesto que pocos géneros pueden vanagloriarse de suscitar emociones fuertes como el de terror, y el reality obliga al espectador a interactuar . Y, en este contexto, no sorprende su éxito.
Pero entonces surge mi segunda consideración. ¿Tiene esto la calidad que espero de un film de terror? Evidentemente, la valoración que hago es retrospectiva: comparo Rec con clásicos anteriores del género, clásicos que resaltan aspectos concretos de una forma genial para atrapar al espectador y sumergirlo en una trama trabajada, creíble y bien resuelta en su conclusión. Porque, seamos sinceros; si tuviésemos que pasarnos la vida comparando lo nuevo con los clásicos sólo por su novedad, no disfrutaríamos el cine nuevo con la intensidad que las (buenas) nuevas obras merecen. Por lo tanto: Rec se presenta como un producto de entretenimiento, con una fuerte carga de implicación ambiental, y un formato más o menos novedoso. La clave de su éxito reside en esto, creo yo. Pero no deja de venir a mi mente que ya no se trata de una buena historia de terror, sino de una forma totalmente nueva de… entrar en el Hotel Kruegger a que me den sustos. De ahí el plantearme la calidad de este producto, cuestionando no su éxito, sino sus virtudes y vicios reales. Torpemente, pero algo es algo.
Mi conclusión personal es que esto, pese a ser entretenimiento puro, y no una forma más compleja de trabajar con el terror, tiene calidad. Si la calidad que vemos hoy se reduce en su mayoría a lo entretenido y comercial, no podemos más que aceptarlo, patalear un rato, pero admitir su calidad pese a todo. Faltará verla entera para corroborar lo dicho o retractarme. Miento, no pienso darle a mi jefe el placer de verme retractándome.